La reciente actividad sísmica registrada en Venezuela y otros países de la región suramericana responde a la dinámica geológica habitual del planeta y no a una anomalía en la corteza terrestre, de acuerdo con las evaluaciones de especialistas locales publicadas en un reporte de El Pitazo. Los geólogos y geofísicos señalan que los movimientos telúricos de las últimas semanas se mantienen dentro de los promedios históricos globales, por lo que instan a la ciudadanía a desestimar teorías sobre eventos irregulares y a enfocar la atención pública en la mejora de las construcciones y las políticas de prevención de desastres.
El geofísico y presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (USB), Omar Pérez Avendaño, explicó que el comportamiento sismológico de la Tierra se mantiene bajo los parámetros históricos observados desde que se iniciaron los registros sistemáticos. Los datos recopilados a nivel global desde el año 1900 indican que el planeta registra anualmente un promedio constante de entre 7 y 20 sismos con magnitudes iguales o superiores a 7. Asimismo, los terremotos de magnitud 6 oscilan de manera regular entre 50 y 70 por año, pudiendo alcanzar picos de hasta 200 eventos anuales.
Esta perspectiva es respaldada por Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geología, quien detalló que anualmente ocurren entre 300.000 y 400.000 sismos en los diferentes bordes de las placas tectónicas de la Tierra. De acuerdo con el especialista, la percepción de alarma en la población no responde a un incremento real en la sismicidad global, sino a la coincidencia geográfica de los eventos recientes en áreas habitadas de Venezuela, Colombia y Perú. La cercanía de estos movimientos y la velocidad de difusión de la información a través de las plataformas digitales han amplificado la sensibilidad pública ante fenómenos que ocurren de forma rutinaria en el planeta.
Mecánica tectónica y la llamada migración sísmica
La explicación científica de la actividad telúrica en el norte de Suramérica radica en la interacción de grandes bloques de la corteza terrestre. En esta región coinciden las placas tectónicas de Nazca, del Caribe, Sudamericana y, en el área de Centroamérica, la placa de Cocos. El contacto y desplazamiento de estas estructuras acumula energía que se libera periódicamente en forma de terremotos.
Existen diferencias fundamentales en la forma en que se originan los sismos en los distintos países de la región. En Perú y Colombia predomina el proceso de subducción, mediante el cual la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana a profundidades que suelen rondar los 100 kilómetros. En contraste, la sismicidad en Venezuela se caracteriza por un movimiento lateral de desgarre entre las placas del Caribe y Sudamericana, un proceso superficial que ocurre a lo largo de sistemas de fallas activos, como el de San Sebastián en la zona costera del país.
Al evaluar el concepto de "migración sísmica", término utilizado en debates públicos para sugerir un efecto de contagio ordenado o predecible entre fallas geológicas, los expertos consultados por El Pitazo mantuvieron una postura de cautela científica. Si bien admiten que existe una conexión general debido a que todas las fallas responden al mismo sistema global de tectónica de placas, rechazan que se puedan establecer secuencias exactas de causa y efecto entre regiones distantes.
De Santis precisó que no existen investigaciones científicas publicadas que demuestren de forma rigurosa la existencia de estas relaciones de migración predictiva. El especialista señaló que, aunque se puede emplear el término de manera ilustrativa para describir cómo la actividad se alterna entre diferentes límites de placas, es imposible utilizar este comportamiento para predecir cuándo o dónde ocurrirá el próximo sismo, una capacidad que la ciencia actual todavía no posee.
Por su parte, Pérez Avendaño descartó vínculos sismológicos directos entre eventos ocurridos en zonas geográficamente muy alejadas, aunque aclaró que a nivel local la interconexión de los sistemas de fallas sí es directa y evidente. El borde de placas entre el Caribe y Sudamérica se extiende por todo el litoral venezolano, segmentado en tramos que van desde Morón, pasando por el estado La Guaira, hasta Cumaná y la isla de Trinidad.


