La “euroización” de los precios frena el consumo pese a la reducción de la brecha cambiaria en Caracas
La fijación de costos en euros protege a comerciantes tras la escasez de divisas, pero asfixia el consumo en Caracas. Ante una brecha cambiaria menor al 15 %, economistas piden ajustar estrategias mientras los salarios al dólar oficial se rezagan. Caracas. La brecha entre el dólar oficial y el paralelo cayó a su punto más […]
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La reducción de la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el mercado paralelo no ha traído la estabilidad esperada para los habitantes de Caracas, quienes ahora enfrentan una progresiva indexación de precios y trámites al euro. Mientras la mayoría de los salarios y bonificaciones del sector formal se cancelan bajo la referencia del dólar oficial establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV), los comercios y las entidades públicas calculan sus tarifas basándose en la moneda europea, que posee una cotización en bolívares más elevada. Esta asimetría genera una pérdida constante del poder adquisitivo en una población que administra presupuestos muy ajustados.
La reducción del diferencial cambiario y la respuesta empresarial
De acuerdo con cifras oficiales del sector financiero, la diferencia entre la cotización del dólar oficial y el paralelo se redujo al 12,3 % tras registrar una caída de 30 puntos porcentuales durante el último bimestre. Aunque el Ejecutivo nacional sostiene que este comportamiento es el resultado de políticas cambiarias orientadas a frenar la especulación y dar certidumbre al gasto familiar, la realidad comercial muestra dinámicas distintas debido a la velocidad de adaptación de los negocios.
El economista y consultor empresarial Asdrúbal Oliveros explicó, en declaraciones recogidas sobre la materia, que la disminución del diferencial cambiario por debajo del 15 % representa un escenario inédito en la economía reciente del país. Según el especialista, operar con un margen estrecho obliga a las empresas, comercios y prestadores de servicios a reformular por completo sus estrategias financieras, de precios y de reposición de inventarios, ya que las fórmulas empleadas cuando la brecha rondaba el 40 % o 50 % ya no resultan viables en la coyuntura actual.
Esta necesidad de reajuste inmediato presiona a los comerciantes a buscar mecanismos de protección ante la inflación persistente y la devaluación del bolívar. Al no contar con un acceso fluido al financiamiento bancario y al enfrentar una elevada carga tributaria por concepto de tasas municipales, el sector privado traslada estas presiones a la estructura de costos, adoptando divisas de mayor valor como referencia de cobro.
El origen regulatorio de la referencia en euros
La adopción del euro como unidad de cuenta no es una medida exclusiva del sector informal. Según explicó un ciudadano bajo condición de anonimato para evitar inspecciones o sanciones administrativas, el origen de esta práctica se encuentra en las propias normativas dictadas por el Estado. Tras el cese de operaciones del Petro y la pérdida de relevancia práctica de la Unidad Tributaria como indexador, diversas ordenanzas municipales y decretos nacionales comenzaron a anclar el costo de los trámites públicos a la moneda de mayor valor publicada en las mesas de cambio del BCV, que históricamente ha sido el euro.
Este marco regulatorio generó un efecto de imitación en la cadena de comercialización privada. Para los ciudadanos que perciben ingresos indexados exclusivamente al dólar oficial, esta distorsión se traduce en una pérdida inmediata de recursos al momento de realizar pagos. Por ejemplo, cancelar un servicio o arancel equivalente a 100 euros con un salario calculado en 100 dólares oficiales genera un déficit que supera los 120 bolívares debido a la diferencia de cotización entre ambas monedas en los registros del ente emisor.
El impacto en el presupuesto familiar y la multiplicidad de tasas
La vida cotidiana en la capital venezolana exige un esfuerzo de cálculo constante para los consumidores. Con un ingreso mínimo integral equivalente a 240 dólares mensuales, compuesto por el salario mínimo legal y asignaciones de carácter no salarial, el margen de maniobra de las familias es sumamente limitado.
Carmen Lira, una ciudadana que percibe un ingreso mensual de 320 dólares pagados bajo la tasa del dólar oficial del BCV, relató que se ve obligada a recorrer múltiples establecimientos comerciales antes de realizar cualquier compra para evitar los cobros indexados al euro. Lira señaló que la coexistencia de al menos tres tasas de referencia en el mercado, el dólar oficial, el euro y la cotización de plataformas de intercambio digital como Binance, confunde a los usuarios y encarece las compras diarias. Desde su perspectiva, el uso del euro invalida la capacidad de planificación familiar, lo que obliga a los consumidores a buscar únicamente las opciones más económicas para optimizar sus ingresos.
La justificación del sector comercial ante la falta de divisas
Por el lado de la oferta, los propietarios de pequeños y medianos comercios defienden la necesidad de utilizar el euro para garantizar la continuidad de sus operaciones. Santiago Navarro, propietario de un establecimiento de repostería en Caracas, detalló que desde hace más de un año migró su estructura de costos a la moneda europea como una medida de salvaguarda ante la inflación y la inestabilidad cambiaria.
Navarro argumentó que gran parte de sus proveedores exigen pagos en divisas o bajo la equivalencia del euro. Asimismo, explicó que la adquisición de dólares a la tasa oficial en las instituciones bancarias es altamente restringida, lo que obliga a los comerciantes a recurrir a mercados alternativos donde las divisas son más costosas. De acuerdo con sus estimaciones, si mantuviera sus precios fijados estrictamente al dólar oficial del BCV, registraría pérdidas superiores al 15 %, comprometiendo la viabilidad financiera de su negocio a mediano plazo.
La coexistencia de estas realidades evidencia que, más allá de los indicadores macroeconómicos que muestran una reducción temporal en la brecha de las divisas, la economía interna de los hogares caraqueños sigue sujeta a severas distorsiones. La falta de una referencia monetaria única y estable mantiene bajo presión tanto al consumidor final como al comerciante, quienes deben diseñar estrategias diarias de supervivencia financiera.