Carmen Teresa Navas, “la madraza” que encontró a su hijo y dijo adiós

Carmen Teresa Navas, “la madraza” que encontró a su hijo y dijo adiós

Carmen Teresa navas, la madre del preso fallecido en custodia del Estado, Víctor Hugo Quero Navas, fue acompañada en su entierro por personas de la sociedad civil, expresos políticos, activistas, estudiantes, periodistas y madres de otros detenidos que rogaron justicia y oraron por no correr la misma suerte que esta familia. Caracas. “Cuando se tiene […] La entrada Carmen Teresa Navas, “la madraza” que encontró a su hijo y dijo adiós aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial19 may. 2026

La búsqueda de Carmen Teresa Navas, una odisea de 16 meses marcada por la esperanza y la angustia, encontró su fin este martes, no con la libertad de su hijo Víctor Hugo Quero, sino con el descanso eterno a su lado. A sus 82 años, la mujer que se convirtió en un faro de tenacidad para Venezuela, fue sepultada junto al hombre por quien peregrinó incansablemente, sellando un capítulo de dolor que, para muchos, representa una radiografía implacable del sistema de justicia en el país.

El Último Abrazo: Un Adiós Colectivo

En los jardines de un cementerio que ya albergaba el cuerpo de Víctor Hugo desde hacía apenas once días, una multitud se congregó para despedir a Carmen Teresa. El ambiente, cargado de una solemnidad palpable, se rompió cuando alguien, con voz entrecortada, recitó "Los hijos infinitos" de Andrés Eloy Blanco, un poema que resonó con la profundidad del amor maternal que allí se enterraba. No era solo un funeral; era la culminación de una lucha, un testimonio viviente de la persistencia frente a la adversidad.

Los claveles blancos, sostenidos por las madres del Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (ClippVe), simbolizaban la pureza de una causa y la promesa de no olvidar. Decenas de excarcelados y estudiantes universitarios, rostros de la misma lucha, se turnaron para cargar la urna blanca, un gesto de solidaridad que trascendía el simple acto fúnebre. Sus abrazos, sus lágrimas contenidas, eran un bálsamo mutuo en medio del duelo.

Aunque la familia de Carmen Teresa intentó mantener un espacio íntimo para el último adiós, el amor y el respeto que inspiraba eran incontenibles. Oraciones improvisadas, carteles con su fotografía y la de Víctor Hugo, y un torrente de emociones desbordadas, venían de todas partes. Incluso los periodistas, acostumbrados a la distancia profesional, se vieron conmovidos al acercarse al féretro de aquella mujer a la que tantas veces vieron frente a sus micrófonos, exigiendo con voz firme una "fe de vida" de su hijo. Junto a ella, en la urna, reposaban decenas de estampitas y rosarios, ofrendas de otras madres que compartían su calvario.

"La Madraza": Un Símbolo de Resistencia Inquebrantable

Carmen Teresa Navas fue conocida en su entorno laboral y familiar como "La Madraza", un apodo que encapsulaba su esencia de madre abnegada y protectora. Con el tiempo, ese reconocimiento se extendió a miles de venezolanos, quienes la vieron como la encarnación de la lucha obstinada, terca, incansable y amorosa que cientos de madres libran cada día, esperando la libertad de sus hijos, calificados como presos políticos.

Su búsqueda de Víctor Hugo, detenido por fuerzas de seguridad y negado en cada instancia de preguntas, se prolongó por 16 meses de incertidumbre y dolor. La negativa constante de información, la peregrinación por despachos y centros de reclusión, forjaron en ella una fortaleza inquebrantable. Su muerte, para muchos de los presentes en el cementerio, no solo significó el fin de su calvario personal, sino también "el cierre" de un ciclo de horror que ha marcado la historia contemporánea de Venezuela. Sin embargo, este "cierre" no es de olvido, sino de un relevo en la incansable demanda de justicia.

Voces de la Familia: Amor, Legado y Consuelo

En medio del dolor, los hijos de Carmen Teresa, Gabriel y Desirée, aunque visiblemente afectados, compartieron reflexiones que revelaban el profundo legado de su madre. Desirée, con una serenidad que emanaba de la aceptación, expresó a algunos presentes: "Ella estaba cansada de ir a todas partes, pero como no podemos abrazar a alguien que ya partió, ella se fue para poder abrazarlo y yo con eso estoy muy tranquila". Una frase que encapsula el consuelo de la reunión, más allá de la vida terrenal.

Desirée describió a su madre como una mujer "buena gente", justa, que inculcaba valores con gestos cotidianos: la donación de alimentos, la herencia de ropa entre hermanos como símbolo de aprecio por lo que se tiene, y el agradecimiento diario por los alimentos en la mesa. Pequeñas lecciones que forjaron el carácter de sus hijos y de quienes la rodeaban.

José Williams Loreto, su ahijado y abogado, la recordó como un sinónimo de perseverancia y el epítome de lo que significa ser una buena madre. "Era muy elegante", relató, "y muy: ¡no, espérate que yo me arregle porque yo no voy a andar por allí así! Era una persona muy jocosa, muy feliz, pero una persona de carácter, a la hora de decirte tus cuatro cosas, te las decía y no se aguantaba para decir lo que pensaba, fuera bueno o fuera malo". Una personalidad vibrante y sin filtros, que probablemente alimentó su valentía para enfrentar a las autoridades.

La Sombra de la Injusticia: Un Recordatorio Persistente

La exigencia de "justicia", una palabra que se repetía entre la multitud, resonaba con especial fuerza en el último recorrido de Carmen Teresa. Esta vez, no era para preguntar por Víctor Hugo, sino para unirse a él en un descanso que la justicia terrenal les negó por tanto tiempo.

Las cámaras de los teléfonos, que registraban cada momento del sepelio, capturaron el abrazo de los familiares, el llanto contenido de su hijo mayor al explicar a sus propios hijos que allí también estaba su tío Víctor Hugo. Y, con una carga simbólica que no pasó desapercibida, retrataron las placas de identificación de las tumbas de otros presos políticos fallecidos bajo custodia del Estado, como Raúl Isaías Baduel, y de participantes en la "masacre de El Junquito", que reposan justo al lado de la tumba que ahora comparten Carmen Teresa y su hijo.

Una videollamada, conectando a la hija de Carmen Teresa con sus hijos y con la hija de 17 años de Víctor Hugo, quien vive en Argentina, permitió que la distancia no impidiera un último adiós, un acto de amor que trascendía fronteras. Y, como un grito mudo de denuncia, un mensaje fue enterrado junto a ella: "Diosdado Cabello y Tarek William Saab son los responsables de estas muertes".

El caso Quero Navas, más allá de la tragedia individual, se erige como una "radiografía del sistema de justicia en Venezuela", un espejo cruel que refleja la vulnerabilidad de los ciudadanos ante el poder del Estado. Una madre de un preso político, aún recluido en El Rodeo I, el mismo lugar donde estuvo Víctor Hugo, lo resumió con escalofriante lucidez: "Podría ser cualquiera de nosotras, podría ser el caso de mi familia y no de la familia Quero Navas. El terror al que esta gente nos tiene sometidos es una lotería".

Un Legado Que Trasciende el Dolor

La historia de Carmen Teresa Navas y Víctor Hugo Quero es un recordatorio doloroso de las cicatrices profundas que la crisis venezolana ha dejado en incontables familias. Su sepelio no fue solo el adiós a una madre y un hijo; fue una reafirmación de la lucha por la verdad y la justicia, un acto de resistencia colectiva que encuentra en el amor maternal su fuerza más indomable. Carmen Teresa, "La Madraza", descansa finalmente junto a su hijo, pero su espíritu de perseverancia y su clamor por la justicia siguen vivos en el corazón de un país que anhela un verdadero cierre, uno que solo llegará con la plena garantía de los derechos humanos y la rendición de cuentas. Su legado es un faro que ilumina el camino para todos aquellos que aún buscan a sus seres queridos y para quienes no se cansan de exigir un país donde la justicia no sea una lotería.

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